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Mi Amor hacia todo en la vida, hacia cada
cliente/a que me visita en mi lugar de trabajo de Bajada de la Libertad,
7 de Valladolid (Castilla y León - España), hace que un día del año 2002
inicie unas creaciones pictóricas
para dar contento a gran parte de las peticiones de estos clientes Ellos demandan
un tipo de obra de unas características especiales que, efectivamente,
constituían una laguna en el mundo del arte decorativo. Nadie sabía
pedirme nada en concreto, pero mi sensibilidad lo entendió.
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Dando rienda suelta a la imaginación, no
tardó en surgir el primer pensamiento, que luego se convertiría en
proyecto.
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El pensamiento es creador mas ha de contener tres pilares para que la
obra creada sea bella, armonice con toda decoración y suscite un diálogo con las
personas que la admiran. Estos tres pilares se basan en el amor, la
sabiduría y la voluntad,
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El amor es imprescindible para realizar cualquier
cosa en la vida. Hacerlo todo como si tu obra, tu trabajo, se mostrara al ser elevado que pueda existir; el
amor también implica
"orden", capacidad para realizar lo mejor en bien de los demás.
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La sabiduría viene cuando la inteligencia se une
al amor. Una gran inteligencia puede hacer mucho bien o mucho daño, según se
incline; mas unida al amor y a la voluntad, sólo perseguirá el bien.
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Pero primero la voluntad será la que nos capacite para
poner en realización ese
pensamiento que de no tener esa voluntad, se hubiera quedado en sueños. Esto exige una gran dosis de
fe, de creencia en nuestro proyecto.
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Seres elevados, han debido
de aliarse a mi nueva fase creativa, y así se obtuvo lo que pasó a llamarse Artegrafía.
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Estas obras tienen la alta vibración que desprenden sus colores (entre
ellos violetas,
añiles, blancos...); emanan del corazón y llegan a envolvernos de tal forma que
nos atrapan a su contemplación.
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Al decir que son producto de la alta vibración
quisiera dar un ejemplo: Tomemos una rueda girando para ilustrar este ejemplo.
Al principio, y a poca velocidad se ve físicamente la rueda, pero a medida que
gira más y más, perdemos ya su visión -como la hélice de un avión- y entonces
aparece en su lugar un sonido, -con sus notas más graves. Si aumentamos la
velocidad de giro las notas van subiendo de décima en décima, de semitono en
semitono hasta
llegar a las notas más agudas, produciéndose toda la escala musical. En la
medida en que aumente la velocidad de giro ya el sonido es de una gama tan alta
que no podemos percibirlo; se producen los ultrasonidos. Seguimos con el
aceleramiento de giro de esta rueda: a medida que avanza más y más la velocidad
llegamos a ver solo colores: la luz. Primero los rojos oscuros, después los
naranjas, amarillos, verdes, azules, añiles y por ultimo el violeta (el arco
iris). A continuación perderíamos la visión de estos colores y se
producirían los
ultravioletas, (imperceptibles a nuestra visión humana).
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Así es la vibración... y nuestra alma que es también de
alta vibración
se une a estas altas vibraciones alcanzando la armonía y perfección. Pronto
notamos como la Paz nos invade y nos hace más humanos, o cuanto menos, más
divinos.
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