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quimnata
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Me cuesta creer que la humanidad en general no se esté apercibiendo de la gravedad del caos que se propaga en todos los sectores de la vida. Veo el efecto de la radiación solar, que penetra cada vez con más intensidad en la atmósfera de la Tierra, sumado al de la creciente radiación nuclear originada por el hombre, así como la coyuntura que allí sobrevendrá. También veo que quienes permanecerán en este plano físico de la superficie terrestre durante la fase más aguda de la transición planetaria que se avecina, deben prepararse para situaciones bastante inhóspitas y agrestes. Esta preparación, a pesar de estar esencialmente fundamentada en la fe y en la entrega y de transcurrir en planos internos, incluye el conocimiento de determinados hechos materiales. No demora en llegar el momento –aún antes de un holocausto global- en que la actividad externa en muchas áreas del planeta quizás tenga que desarrollarse exclusivamente en horarios sin sol, ya que la acción de sus rayos es cada vez mas intensa. En este sentido, las previsiones de la ciencia oficial no tienen mucha utilidad, pues los parámetros en juego son bien diferentes de los que ella revela. Además de incontrolable contaminación química, hay lugares donde las fuentes de agua, antes potables, se vuelven salobres o las nacientes se secan. Las aguas se están desplazando a fin de adecuarse a la manifestación de la Tierra futura. Así, por estos y otros motivos, habrá regiones enteras que verán, de repente, su ambiente natural totalmente transformado. En mi conciencia emergen, también de modo inequívoco, nuevos esclarecimientos. Percibo que, dentro de las leyes conocidas ahora en el plano material, en cierto momento resultará imposible sobrevivir en la superficie del planeta. Hasta entonces, el sufrimiento de esta humanidad será cada vez mayor. Muchos desearán morir antes de lo previsto, pero ese deseo no será satisfecho. Clamarán por la muerte, mas ella no los escuchará hasta que sus "débitos kármicos" estén saldados (Débitos kármicos: según la ley del karma material, o la ley de causa y efecto, toda acción -en el plano físico, en el emocional o en el mental- genera efectos positivos, negativos o neutros. Se llaman débitos kármicos a los efectos negativos generados en los niveles materiales durante la existencia de una partícula, que puede ser un átomo, un individuo, una nación, un planeta o núcleos mas amplios); recién entonces su esencia podrá desprenderse de los cuerpos moribundos y trasladarse hacia otros puntos del cosmos. Estas impresiones me llegaban con claridad. No despertaban sentimientos conocidos, pero traían consigo un sentido de responsabilidad, la demanda de profundizar la relación con la Hermandad del Cosmos, red de consciencias que conduce la evolución de los universos y por medio de la cual esa evolución se procesa. Sin embargo, en aquel momento, dentro de la gravedad de lo que me era mostrado, no podía prever cómo haría el hombre para atravesar una fase tan crítica. Permanecí entonces en silencio hasta que en los planos interiores me fue revelada la existencia de pequeños núcleos, instalados en los niveles sutiles y en el propio nivel físico del planeta, que podrían denominarse "islas de salvación" (Es necesario aclarar que el término salvación no incluye aquí el sentido egoísta que normalmente se le atribuye en el lenguaje común. Debe ser comprendido como la elevación de la consciencia y su introducción en una coyuntura evolutiva, de ámbito cósmico, proceso que ocurre en la Tierra en su conjunto y que se refleja, en diferentes grados, en las partículas de vida que la componen. Por lo tanto, las islas de salvación no tienen por objeto preservar el actual estado humano y planetario, sino la sublimación de los seres y de la vida, y su contacto con patrones de desenvolvimiento futuros). En ellos será preservada la vida en la superficie de la Tierra.
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